
Andy Warhol
1928–1987 · Estados Unidos · Arte pop
La historia
Andy Warhol empezó dibujando zapatos para anuncios. Durante los años cincuenta fue uno de los ilustradores comerciales mejor pagados de Nueva York, y ahí está la clave de todo lo que hizo después: al pasarse al arte hacia 1960, se trajo consigo el mundo comercial entero. Pintó latas de sopa Campbell, 32 de ellas, una por cada variedad que vendía la empresa, y las colgó como en la estantería de un supermercado.
El mundo del arte llevaba décadas venerando el gesto único de la mano del artista. Warhol quería justo lo contrario. Hacia 1962 había encontrado su herramienta en la serigrafía, un procedimiento de impresión que le permitía reproducir una fotografía en pintura una y otra vez, con ligeras variaciones de color y registro. Montó un estudio en Manhattan, la Factory, forrado de papel de aluminio plateado, lo llenó de un elenco cambiante de actores, vagabundos y gente de sociedad, y produjo cuadros como una planta produce mercancía. Ese verano murió Marilyn Monroe, y Warhol serigrafió su foto publicitaria en filas interminables, el rostro aclarándose, emborronándose y desvaneciéndose a lo largo de la hoja, fama y muerte salidas de la misma máquina.
La puerta abierta de la Factory tuvo un precio. En 1968 una mujer llamada Valerie Solanas, que había pasado por ese ambiente y escrito un panfleto furioso contra los hombres, entró y le disparó en el pecho. Lo declararon clínicamente muerto en la mesa de operaciones y lo revivieron. Dos balas le habían atravesado varios órganos, y llevó un corsé quirúrgico bajo la ropa el resto de su vida. Volvió al trabajo, pero sus colaboradores decían que la sala nunca volvió a estar tan abierta. Cuando murió en 1987, tras una cirugía rutinaria de vesícula, se supo que aquel hombre que producía en serie imágenes de sopas y celebridades había ido en silencio a misa durante casi toda su vida, en una iglesia católica del Upper East Side.