
Frida Kahlo
1907–1954 · México · Surrealismo
La historia
El 17 de septiembre de 1925, un autobús de madera chocó en Ciudad de México contra un tranvía eléctrico, y un pasamanos de hierro atravesó la pelvis de una pasajera de 18 años llamada Frida Kahlo. Sobrevivió con la columna rota, la pelvis y una pierna destrozadas, y por delante toda una vida de dolor, con unas 30 operaciones por delante antes de terminar. Durante la larga convalecencia, tendida boca arriba, su madre mandó construir un caballete especial sobre la cama y fijó un espejo en el dosel. Sin nada más que mirar, Kahlo empezó a pintar el único tema que tenía siempre a la vista.
Fue su propia primera modelo, y siguió siendo la principal. Había crecido junto a la Revolución mexicana, y le gustaba dar 1910 como año de nacimiento, el año en que esta estalló, aunque en realidad había nacido en 1907. En su estela, los artistas mexicanos se apartaban de la moda europea hacia el pasado indígena del país, y Kahlo se tomó ese giro de forma personal: vestía los largos trajes de tehuana del sur de México y se pintaba a sí misma dentro de su imaginería popular, sus retablos, sus esqueletos y corazones sangrantes.
En 1928 mostró unos cuadros a Diego Rivera, ya entonces el muralista más famoso de México, un hombre corpulento más de 20 años mayor que ella. Él animó su trabajo y se casó con ella al año siguiente, y la familia de Kahlo llamó a esa unión la del elefante y la paloma. El matrimonio fue turbulento, lleno de infidelidades por ambas partes, un divorcio y una segunda boda. A través de todo ello siguió pintando el cuerpo que el accidente le había dejado, abierto, atravesado, sujeto con acero. En uno de los últimos lienzos su columna es una columna de piedra agrietada y su piel está tachonada de clavos, y nos mira de frente, con lágrimas en el rostro, vestida solo con el corsé ortopédico que realmente llevaba.



