
Joan Miró
1893–1983 · España · Surrealismo
La historia
De joven, en el París de los años 20, Joan Miró lanzó una consigna feroz: quería 'asesinar la pintura'. Le repugnaba, decía, la pintura de caballete tal como la entendían los burgueses, y buscaba algo más libre, hecho de signos, manchas y criaturas flotando en el vacío. Frecuentaba a los surrealistas, aunque nunca firmó del todo su programa.
Antes de eso había pintado 'La masía', un retrato minucioso de la casa de campo de su familia en Mont-roig, en el sur de Cataluña, con cada terrón y cada animal en su sitio. En 1925 se la compró un joven escritor norteamericano todavía desconocido, Ernest Hemingway, que reunió el dinero a duras penas para regalársela a su primera mujer. Hemingway la tuvo colgada el resto de su vida.
Miró era profundamente catalán, atado a esa tierra roja de Mont-roig y al mar. Durante la dictadura de Franco se quedó casi siempre en España, trabajando en silencio, y con los años sus formas se volvieron enormes, simples y vivísimas de color, con un rojo, un azul, un negro, una estrella. Murió en Palma de Mallorca en 1983, a los 90 años.