
René Magritte
1898–1967 · Bélgica · Surrealismo, Surrealismo belga
La historia
Antes de ser el gran surrealista belga, Magritte se ganaba la vida como dibujante publicitario en Bruselas, diseñando carteles y anuncios de cosas tan corrientes como cubitos de caldo o coches de alquiler. Ese oficio dejó huella en su pintura, hecha con la nitidez lisa e impersonal de un anuncio.
En 1929 pintó una pipa marrón sobre un fondo neutro y escribió debajo, con letra escolar, Ceci n'est pas une pipe, esto no es una pipa. Y tenía razón, porque lo que hay en el lienzo es la imagen de una pipa, imposible de llenar de tabaco. Aquel cuadro, La traición de las imágenes, se volvió una de las reflexiones más citadas sobre la distancia entre las palabras, las cosas y sus retratos.
Magritte repitió toda su vida un puñado de motivos: hombres con bombín, cielos de nubes, manzanas y ventanas que engañan al ojo. Vivió unos años en París, cerca del escritor André Breton y los surrealistas, y luego regresó a Bruselas, donde pintaba por las mañanas con traje y corbata en el comedor de su casa.