
Pieter de Hooch · PD
El deber de una madre
Ficha
La historia
Delft, hacia 1658. En esos mismos años, a pocas calles, Vermeer convertía sus interiores en silencio pintado; Pieter de Hooch, vecino suyo, se había especializado en algo muy concreto: conducir la mirada de una habitación a otra, a través de una puerta abierta, hasta una luz lejana. Aquí el pretexto es una escena cotidiana. Una madre revisa el pelo de su hija en busca de piojos, una tarea rutinaria incluso en las casas holandesas acomodadas. Alrededor, el orden de la vida diaria: los azulejos azules de Delft, la cama empotrada, la sillita orinal en primer término. Al fondo, por el vano de la puerta, se abren un cuarto soleado y un pequeño jardín.




