
Claude Monet, Belle-Île Rocks, 1886. Wikimedia Commons. · PD
Rocas de Belle-Île
Ficha
La historia
En el otoño de 1886 Monet dejó sus jardines luminosos y se fue solo a Belle-Île, una isla en la costa atlántica de Bretaña que los lugareños llamaban la costa salvaje. Pensaba quedarse diez días y se quedó diez semanas. El mar lo desconcertó. Acostumbrado a los reflejos suaves del Sena, se encontró con un oleaje oscuro y violento que rompía contra las rocas, y para pintarlo tuvo que lastrar el caballete y protegerse del viento y la lluvia. De aquellas semanas salieron unas cuarenta telas. En esta, las agujas de piedra de Port-Coton se alzan sobre un agua verdosa y espesa, muy lejos de la placidez de sus futuros nenúfares.




