
Edvard Munch, Morning Yawn, 1913. Wikimedia Commons. · PD
Bostezo matutino
Ficha
La historia
Hacia 1913, el hombre que 20 años antes había pintado El grito buscaba algo mucho más sereno. Una mujer sentada al borde de una cama deshecha, en los primeros minutos del día, sorprendida a mitad de un bostezo, con un brazo que se estira. Aquí no hay angustia ni símbolos que descifrar, solo el asunto corriente y algo torpe de despertarse, que casi nadie se molestaba en pintar. Munch lo resuelve con un color suelto, luminoso y de tonos altos, la factura expresionista por la que era conocido aplicada a un tema sin ninguna carga dramática. El lienzo acabó en manos de Rolf Stenersen, financiero y escritor noruego que se hizo amigo de Munch y gran coleccionista suyo, y hoy cuelga en Bergen entre las obras que Stenersen donó a la ciudad.




