
Pieter de Hooch · PD
Madre atándose el corpiño junto a una cuna
Ficha
La historia
Hacia 1660 la pequeña ciudad holandesa de Delft dio una tanda de pintores que hacían cuadros enteros con habitaciones corrientes y luz de día; Vermeer fue el más célebre, y Pieter de Hooch trabajaba por esas mismas calles. Aquí una madre joven se sienta junto a una cuna de madera, se ata el corpiño y sonríe al niño, mientras un perro se estira perezoso sobre el suelo de baldosas. No hay relato ni moraleja, solo una mañana en un hogar holandés acomodado. Lo que le importa a De Hooch es la propia habitación: cómo entra la luz por una ventana alta a la derecha y cómo las baldosas llevan la mirada hacia el fondo, más allá de la cama con cortinas. Detrás de la mujer, un calentador de latón y una falda roja cuelgan del entablado, los pequeños enseres de una vida mantenida en orden.




