
El Greco · PD
La adoración de los pastores
Ficha
La historia
En 1602 El Greco llevaba ya un cuarto de siglo en Toledo, un cretense formado en Venecia que había encontrado su público en la España devota de la Contrarreforma. Esta escena nocturna, con los pastores agolpados ante el pesebre, se sostiene casi por entero con la luz que despide el Niño recién nacido: los rostros y las manos arden mientras el resto se hunde en sombra. Los cuerpos se alargan y se retuercen como llamas, esa anatomía suya que no se parece a ninguna otra. El lienzo se guarda en Valencia, en el Colegio del Corpus Christi que fundó el arzobispo Juan de Ribera. Que la composición corriera pronto de mano en mano lo prueba el grabado que Diego de Astor sacó de ella hacia 1605.




