
La historia
Shi Wen-long creció pobre en el Tainan de la guerra, aprendió solo a tocar el violín de niño y llegó a levantar una de las mayores empresas de plásticos del mundo. Gastó buena parte de esa fortuna en el instrumento que había amado primero, y el Museo Chimei que fundó en Taiwán conserva hoy la mayor colección de violines del mundo, muy por encima del millar, con muchos de Stradivari y de otros grandes luthiers.
A diferencia de casi todas esas colecciones, estos están hechos para tocarse: el museo presta sus mejores instrumentos a los músicos en vez de sellarlos en vitrinas. En torno a los violines se despliegan pintura y escultura occidentales, armas y armaduras, y salas de animales disecados y fósiles, todo dentro de un vasto edificio neogriego en un parque de Tainan.
Durante 21 años el museo no cobró nada por entrar, una costumbre de un fundador que quería transmitir el asombro que él nunca tuvo de niño pobre.
