
La historia
Shi Wen-long creció pobre en el Tainan de la guerra, aprendió solo a tocar el violín de niño y llegó a levantar una de las mayores empresas de plásticos del mundo. Gastó buena parte de esa fortuna en el instrumento que había amado primero, y el Museo Chimei que fundó en Taiwán guarda hoy una de las mayores colecciones de violines del mundo, bastante más de mil, entre ellos muchos de Stradivari y de otros grandes constructores.
A diferencia de la mayoría de estas colecciones, estos instrumentos están hechos para sonar. El museo presta sus mejores ejemplares a músicos, de modo que se oyen en los escenarios además de verse en las salas. Alrededor de los violines se extienden pintura y escultura occidentales, armas y armaduras, y salas de animales disecados y fósiles, todo dentro de un enorme edificio neogriego en un parque de Tainan.
Desde su apertura en 1992 hasta el traslado a ese edificio, el museo no cobró entrada. De escolar, Shi había pasado las tardes en un museo gratuito de Tainan, y lo llamaba el paraíso.

