
La historia
Walter Chrysler Jr. era hijo del hombre que fundó la empresa automovilística, y coleccionaba vidrio cuando casi nadie lo consideraba arte. Reunió recipientes que abarcan 3.000 años, desde frascos egipcios y romanos hasta relucientes lámparas Tiffany, y en 1971 donó miles de obras al museo de Norfolk, en Virginia, que hoy lleva su nombre.
El lugar no empezó con él. Abrió en 1933 como Museo de Artes y Ciencias de Norfolk, levantado por una sociedad artística local cuyos orígenes se remontaban a dos maestras de escuela, Irene Leache y Anna Cogswell Wood. Cuando llegó la colección de Chrysler, la ciudad rebautizó el museo con su nombre.
Hoy el fondo de vidrio alcanza unas 8.000 piezas y está entre los mejores del país, expuesto en salas cercanas a un taller al otro lado de la calle donde los sopladores de vidrio trabajan ante los visitantes. Las pinturas van desde la Italia del Renacimiento hasta el arte estadounidense, pero lo que la gente viene a ver es el horno y el vidrio Tiffany.



