
La historia
El Denver Art Museum tiene tanto que ver con sus edificios como con sus cuadros. Su ala más antigua, de 1971, es uno de los dos únicos edificios de Norteamérica del diseñador italiano Gio Ponti, una extraña torre de 24 lados revestida de más de un millón de relucientes teselas de vidrio y pensada para leerse como una fortaleza. A su lado, de 2006, se alza el Hamilton Building de Daniel Libeskind, un dentado amontonamiento de ángulos recubiertos de titanio que evoca los cristales de roca y los picos de las Rocosas que se alzan tras la ciudad.
Dentro, la verdadera distinción del museo es su arte nativo americano. En 1925 empezó a coleccionar la obra de los pueblos indígenas como arte y no como antropología, algo insólitamente temprano para un museo estadounidense, y esa colección alcanza hoy decenas de miles de piezas de todo el continente.
A su alrededor las salas abarcan un amplio abanico, con pintura del oeste estadounidense, arte colonial español, fondos asiáticos y un considerable despliegue de obra moderna y contemporánea.



