
La historia
El Greco nunca vivió en esta casa. A comienzos del siglo 20 el pintor nacido en Creta Doménikos Theotokópoulos, que se había instalado en Toledo hacia 1577, estaba medio olvidado, y sus figuras alargadas se despachaban como obra de un loco. Un mecenas adinerado, el marqués de la Vega-Inclán, se propuso remediarlo. Compró un grupo de casas antiguas cerca del lugar donde el pintor tuvo su vivienda y las convirtió en una casa-museo de estilo de época, abierta en 1911, pensada para evocar el mundo en que trabajó el artista.
Dentro se encuentra la razón de que aquella rehabilitación cuajara. La pieza central es su 'Vista y plano de Toledo', un extraño retrato a vista de pájaro de la ciudad que adoptó, y una serie completa de los Apóstoles, Cristo y los doce, cada uno una figura enjuta y temblorosa. Hay una capilla, un jardín y estancias amuebladas como una casa del Siglo de Oro español.
La recreación funcionó tan bien que muchos visitantes aún se van creyendo haber pisado el propio estudio del Greco, a unas calles de donde está enterrado, en la iglesia de Santo Domingo el Antiguo.





