
La historia
La Kunsthalle Bremen es insólita entre los grandes museos alemanes: la fundaron ciudadanos particulares y sigue perteneciéndoles. Una sociedad artística de comerciantes y amantes del arte de Bremen la creó en 1823 y levantó su propio edificio hacia 1849, y esa misma sociedad, y no el Estado, dirige el museo hoy.
Esa vena independiente provocó en su día una polémica nacional. En 1911 el director compró para la colección el Campo de amapolas de Van Gogh, y los pintores alemanes conservadores protestaron con fuerza por que el dinero fuera a parar al arte moderno francés. La compra se mantuvo, y el cuadro sigue colgando aquí.
La guerra trató a la colección con más dureza. Sus fondos se ocultaron por seguridad, y en 1945 unas 1.500 obras, entre ellas dibujos de Durero, fueron llevadas a la Unión Soviética como botín de guerra. Muchas nunca han regresado. Lo que queda abarca aún siete siglos, de las tablas medievales a Beckmann y a la pintora de Worpswede Paula Modersohn-Becker.



