
La historia
En 1913 una vecina de Rochester llamada Emily Sibley Watson abrió esta galería en memoria de su hijo, James Averell, un arquitecto muerto joven. La cedió a la Universidad de Rochester, y desde entonces ha sido un híbrido singular, un museo docente para la universidad que sirve además como museo de arte público de la ciudad.
El edificio de estilo renacentista italiano que ella costeó abrió aquel octubre casi sin nada que colgar. La galería no tenía dinero reservado para comprar arte, así que durante sus primeras décadas creció por un mecanismo curioso: coleccionistas prestaban obras para una exposición y luego donaban lo que habían comprado para que se quedara. El primer objeto que entró en la colección permanente fue una pieza de encaje.
Un siglo de esa acumulación paciente dejó una colección que va de las antigüedades a Rembrandt, Monet, Cézanne y el pintor estadounidense Winslow Homer, más de 12.000 objetos a lo largo de unos 5.000 años. Entre ellos hay un raro órgano barroco italiano del siglo 17, que aún se toca en una sala colgada de pinturas de viejos maestros.




