
La historia
El museo de bellas artes de Chartres se alza donde uno menos esperaría una galería tranquila: pegado al extremo oriental de la gran catedral, en el antiguo palacio episcopal, un conjunto de edificios de los siglos XV al XVIII con jardines en terraza que se asoman a la ciudad baja.
La colección va de un Zurbarán y bodegones de Chardin a cuadros fauvistas de Vlaminck, que vivió cerca, y una pequeña sala de viejos clavecines. Un cuadro por el que la gente acude es El niño de coro de Chaïm Soutine, pintado mientras el artista se alojaba a las afueras de Chartres como invitado de su mecenas Madeleine Castaing.
Una colección oceánica, traída por viajeros, encaja de forma extraña y grata entre las salas francesas.

