
La historia
El museo de bellas artes de Dijon ocupa el palacio de los duques de Borgoña, la familia que en el siglo XV gobernó un Estado más rico que la corona francesa y que llegaba hasta el mar del Norte. Cuando llegas a su antigua Sala de la Guardia, los encuentras en piedra.
Allí se alzan dos enormes sepulcros, hechos para Felipe el Atrevido y Juan sin Miedo, con sus yacentes tendidos sobre una arcada de mármol. Alrededor de la base de cada uno discurre una procesión de pequeños plañideros de alabastro, figuras encapuchadas de un palmo de altura, varias con el rostro hundido en sus mantos. Los inició Claus Sluter, el escultor neerlandés que los duques trajeron al sur, y están entre las tallas funerarias más conmovedoras que se conservan de la Edad Media.
El museo que los rodea es uno de los más antiguos de Francia, abierto en 1787, y asciende desde estos sepulcros a través de retablos flamencos hasta Rubens y la pintura francesa posterior. Las cocinas ducales, con sus seis grandes chimeneas, siguen también en pie, construidas para alimentar a una corte.





