
La historia
En 1878 el pequeño museo de Pau, al pie de los Pirineos franceses, hizo algo que ninguna institución había hecho antes: compró un cuadro de Edgar Degas. El pintor tenía cuarenta y tantos años y aún estaba lejos de ser célebre, y la obra le costó a la ciudad 2.000 francos.
Ese cuadro, Una oficina de algodón en Nueva Orleans, sigue colgado aquí como la gran joya del museo. Degas lo pintó en 1873 durante una visita a la familia de su madre en Luisiana, y muestra la empresa algodonera de su tío en plena faena, con hombres de levita negra manipulando algodón en rama y leyendo periódicos en una oficina sobria y luminosa. Fue la primera de sus obras en entrar en una colección pública.
A su alrededor el museo reúne un amplio panorama de pintura europea, de los maestros antiguos españoles y flamencos a Rubens y al arte francés posterior, pero la gente cruza la región por el Degas, comprado cuando casi nadie más se atrevía a apostar por él.



