
La historia
El Museo Nacional de Wrocław se alza a orillas del Óder en un pesado edificio de ladrillo que albergó en su día el gobierno provincial prusiano, cuando la ciudad era la Breslau alemana. Después de 1945 las fronteras se desplazaron, los alemanes se marcharon, llegaron polacos del este y se reunió un nuevo museo polaco, en parte con el arte que sobrevivió a la guerra en la región.
Su gran fuerza es el arte medieval silesio, salas llenas de escultura en piedra y en madera policromada procedente de las iglesias de la Baja Silesia, entre ellas un panel del Trono de Gracia de hacia 1350. En el piso superior el relato se vuelve polaco, con grandes lienzos históricos y retratos de nombres como Jan Matejko y Jacek Malczewski. El museo gestiona además la cercana Panorama de Racławice, una enorme pintura de batalla de 360 grados alojada en su propia rotonda construida a tal efecto.

