
La historia
El Museo Nacional de Serbia, en Belgrado, es el más antiguo y más grande del país, fundado en 1844, cuando Serbia aún emergía del dominio otomano y quería un lugar donde guardar su pasado. Se alza en la plaza de la República, en un señorial edificio bancario de comienzos del siglo XX, y durante años fue más conocido por estar cerrado que abierto, clausurado por reformas durante casi 15 años.
Reabrió en 2018, y la razón para ir es su amplitud. Las salas van de los frescos e iconos medievales serbios, y de célebres manuscritos iluminados, hasta los pintores serbios del siglo XIX y una sorprendente colección de arte moderno francés, con obras impresionistas y posimpresionistas compradas cuando el museo miró hacia el oeste.
El largo cierre se ha vuelto parte de la historia, y los belgradenses hablan de la reapertura como otras ciudades hablan del regreso de un monumento, la colección nacional otra vez visible tras media generación bajo llave.



