
La historia
Durante casi todo el siglo 20 este edificio en la orilla sur del Támesis fue la central eléctrica de Bankside, que quemaba petróleo para dar electricidad a la City de Londres, al otro lado del río. Giles Gilbert Scott, el arquitecto que también dio a Gran Bretaña la cabina telefónica roja, la diseñó con una sola chimenea alta situada a propósito más baja que la cúpula de la catedral de San Pablo, enfrente. Dejó de generar en 1981 y quedó vacía.
Los arquitectos suizos Herzog y de Meuron conservaron la caja de ladrillo y convirtieron el enorme espacio que una vez albergó los generadores en la entrada del museo. Ese espacio, la Sala de Turbinas, tiene cinco plantas de altura, y desde que la Tate Modern abrió en 2000 se ha invitado a los artistas a llenarlo, con un sol gigante de niebla, una grieta que recorre todo el suelo, un campo de millones de pipas de girasol de porcelana.
Dentro está la colección nacional británica de arte moderno y contemporáneo, de Matisse y Picasso a Rothko y Warhol y hasta artistas vivos. En 2016 se añadió detrás una torre de ladrillo plegada de los mismos arquitectos, de modo que la vieja central ahora se extiende tanto en profundidad como en altura.





