Bernardo López Piquer
1799–1874 · España · Neoclasicismo
La historia
Al entrar en el Museo del Prado, cerca de la entrada, uno se topa con el retrato de una joven reina: María Isabel de Braganza, sentada y señalando hacia un pálido edificio clásico, el propio museo. Aparece como su fundadora. Lo que el cuadro no cuenta es que llevaba 11 años muerta cuando se pintó. María Isabel, esposa del rey Fernando VII de España, había impulsado la creación de un museo real de pintura y murió de parto en 1818, meses antes de que abriera en 1819. Quien le dio esa segunda vida sobre el lienzo, en 1829, fue Bernardo López Piquer.
Nació en Valencia en 1799, hijo mayor de Vicente López Portaña, el retratista español más destacado de su tiempo y primer pintor de cámara del rey. Bernardo se formó en el taller de su padre y en la Academia de San Fernando de Madrid, y la posición paterna le abrió pronto las puertas de palacio. Heredó la manera cortesana, pulida y exacta que los modelos reales pedían.
El resto de su carrera siguió al trono. Desde 1843 pintó para la joven reina Isabel II, llegó a primer pintor de cámara en 1858 y enseñó en la Academia. Cuando la Revolución de 1868 llevó a Isabel al exilio, Bernardo perdió el título que lo había definido. Murió en Madrid en 1874; su padre y su hermano Luis también fueron pintores de cámara, de modo que durante una generación los López surtieron al palacio español de buena parte de su retratística oficial.

