
Cosimo Rosselli
1439–1507 · Italia · Quattrocento
La historia
En 1481 el papa Sixto IV convocó a un equipo de los mejores pintores del centro de Italia para pintar al fresco los muros de su nueva capilla en el Vaticano, la que hoy llamamos Sixtina. Allí estaban Botticelli, Ghirlandaio y Perugino, y también el florentino Cosimo Rosselli, un maestro sólido y menos brillante que, aun así, consiguió el encargo. Vasari cuenta una historia, seguramente adornada, según la cual Rosselli, temeroso de que su trabajo pareciera flojo junto al de los demás, ahogó sus frescos en oro y azul ultramar intenso, y el papa, poco entendido, declaró los suyos los mejores de todos.
Rosselli llevaba un ajetreado taller florentino y pintó retablos por toda la ciudad, competente y conservador mientras hombres más jóvenes lo cambiaban todo a su alrededor. Su importancia duradera quizá esté menos en sus propios cuadros que en la gente que pasó por su taller. Tanto Piero di Cosimo, el excéntrico pintor de mitologías extrañas, como Fra Bartolomeo, más tarde figura destacada del Alto Renacimiento, se formaron con él.
Trabajó sin descanso hasta la vejez y murió en Florencia en 1507, el año en que Rafael llegaba a la ciudad y el mundo en el que Rosselli había aprendido su oficio ya iba quedando atrás.

