Exequias
Antigua Grecia · arte griego arcaico
La historia
Hacia el 540 a. C., en el barrio de los alfareros de Atenas, un hombre llamado Exequias firmaba sus vasos con una frase breve que pronuncia el propio vaso, «Exequias me hizo». En algunos añadió que también los había pintado. Ningún documento cuenta nada más de su vida, así que todo lo que se sabe de él procede de las piezas.
Su ánfora más conocida, hoy en los Museos Vaticanos, muestra a Aquiles y Áyax, dos héroes de la guerra de Troya, inclinados sobre un juego de tablero durante una pausa de la lucha, todavía con las lanzas en la mano. Unas letras diminutas junto a sus cabezas recogen sus jugadas, «cuatro» para Aquiles y «tres» para Áyax. Ningún texto conservado de la época cuenta esta historia, y sin embargo otros pintores atenienses copiaron la escena unas 150 veces en el medio siglo siguiente.
En el interior de una amplia copa para beber, en Múnich, el dios Dioniso está recostado en una nave de cuyo mástil brota una vid cargada de racimos, sobre un fondo rojo coral y rodeado de delfines. En el antiguo himno griego que evoca la imagen, los piratas que habían raptado al dios saltan por la borda y se convierten en delfines, y esos piratas eran tirrenos, el nombre que los griegos daban a los etruscos. La copa apareció en una tumba etrusca de Vulci, al norte de Roma, igual que el ánfora del juego.
En una tercera ánfora, conservada en el museo de Boulogne-sur-Mer, en el norte de Francia, Áyax se arrodilla solo y clava su espada con la punta hacia arriba en un montón de tierra, listo para arrojarse sobre ella.
