
Jean-Jules-Antoine Lecomte du Nouÿ
1842–1923 · Francia · Orientalismo
La historia
Su maestro fue Jean-Léon Gérôme, el más exigente de los pintores académicos franceses, y Lecomte du Nouÿ aprendió la lección al pie de la letra. Cada azulejo, cada pliegue de seda, cada destello del latón está pintado como si pudiera tocarse. Viajó a Grecia, Turquía y Egipto en busca de sus temas, y las escenas orientalistas que trajo de vuelta le dieron nombre. La más conocida es La esclava blanca, de 1888, un desnudo en un baño de El Cairo pintado con el acabado frío y pulido que apreciaban los salones de París.
Hubo otra cara de su carrera que pocos de sus admiradores parisinos llegaron a ver. Desde la década de 1880 trabajó para el joven reino de Rumanía, pintando retratos del rey Carol I y de la reina Isabel y decorando iglesias que su hermano André, arquitecto, ayudaba a restaurar. Pasó largas temporadas en Bucarest, y buena parte de su obra religiosa y decorativa se conserva allí, en Rumanía, más que en Francia.
Cuando murió, en 1923, su tipo de pintura académica minuciosa llevaba ya una generación pasado de moda, desplazado por los impresionistas a los que había sobrevivido. En su taller quedaban aún decenas de aquellas pequeñas escenas orientales, pulidas como joyas, que los coleccionistas redescubrirían décadas más tarde.

