
Juan Sánchez Cotán
1560–1627 · España · Barroco, Realismo
La historia
Hacia 1602, en la ciudad española de Toledo, Juan Sánchez Cotán pintaba algo que casi nadie en Europa había juzgado digno de un gran lienzo: un membrillo y una col colgados de sendos cordeles, un melón partido, un pepino, todo sobre una sencilla repisa de piedra frente a un vacío negro. Comida corriente de cocina, dispuesta con el cuidado que solía reservarse a los santos.
Colgar aquello era práctico antes que extraño. Se suspendían frutas y verduras en la ventana de una despensa fresca y oscura para conservarlas, y Cotán se limitó a pintar lo que veía, cada objeto iluminado como si importara enormemente. Estos bodegones, que toman su nombre de la voz española para una despensa o una taberna humilde, figuran entre las primeras verdaderas naturalezas muertas de la pintura europea.
En 1603, en pleno apogeo de esta obra, renunció a su taller y a sus bienes y entró en la orden cartuja como hermano lego, un monje sujeto a los votos más humildes. Siguió pintando dentro del monasterio, ya sobre todo cuadros religiosos, y pasó sus últimos años en la gran cartuja de Granada, en el sur de España, donde murió en 1627. Los historiadores han vinculado desde antiguo la quietud desnuda y casi devota de sus bodegones con la vida austera que estaba a punto de abrazar.
