
Pedro Pablo Rubens
1577–1640 · Países Bajos españoles · Pintura barroca flamenca
La historia
La mayoría de los grandes pintores se quedaron en el taller. Rubens pasó buena parte de su carrera como diplomático en activo, y los dos oficios se alimentaban entre sí. Hablaba con soltura varias lenguas, se movía con naturalidad entre príncipes, y dirigía el taller de pintura más activo de Europa desde Amberes, entonces en los Países Bajos españoles. Los reyes le confiaban más que retratos.
El ejemplo más claro llegó en 1629. España e Inglaterra llevaban años en guerra, y Felipe IV de España envió a Rubens a Londres bajo la apariencia de un artista de visita, una tapadera que le permitía ser recibido en la corte sin levantar sospechas mientras defendía en voz baja la causa española. Durante unos nueve meses trabajó sobre Carlos I de Inglaterra, un apasionado coleccionista de arte, argumentando a favor de la paz entre las dos coronas y pintando para él al mismo tiempo. Uno de los cuadros que hizo allí, una alegoría de la Paz y la Guerra, formaba parte él mismo del argumento, mostrando los bienes que trae la paz y la ruina que arrastra la guerra.
Funcionó. En 1630 se firmó un tratado entre Inglaterra y España, y antes de que Rubens se marchara, Carlos lo nombró caballero. Felipe IV haría lo mismo más tarde, así que terminó siendo caballero de los dos reinos que había ayudado a reconciliar. Siguió pintando a un ritmo enorme hasta el final, buena parte con ayudantes que perfilaban sus diseños, y en su última década compró una casa de campo al sur de Amberes, el Château de Steen, cuyos campos y cielos húmedos llenan los paisajes que pintó solo para sí mismo.


