
Rose-Adélaïde Ducreux
1761–1802 · Francia · Neoclasicismo
La historia
En el Salón de 1791, el primero abierto a artistas ajenos a la Academia real, se colgó en los muros del Louvre el autorretrato de una mujer joven. Rose-Adélaïde Ducreux, que tenía entonces unos 30 años, se pintó a tamaño natural junto a un arpa, con un vestido de seda a rayas, en un lienzo de casi dos metros de alto. Antes de la Revolución no habría podido exponer allí de ningún modo, porque ni ella ni su padre pertenecían a la Academia. Aquel año ambos debutaron juntos en el Salón.
Su padre y maestro fue Joseph Ducreux, retratista que había trabajado para María Antonieta y al que hoy se recuerda por sus autorretratos con muecas y carcajadas. El arpa del cuadro formaba parte de su vida real. Tocaba y componía, y se la conocía como música tanto como pintora. Siguió exponiendo en el Salón durante toda la década de 1790, pero nunca firmó sus cuadros, y varios se atribuyeron después a hombres más famosos, entre ellos Jacques-Louis David.
En 1802 se embarcó hacia la colonia francesa de Saint-Domingue, el actual Haití, y allí se casó con un funcionario de la marina. Murió de fiebre amarilla en julio de ese mismo año, dos días después de que su padre muriera en París.
