
William Allan
1782–1850 · Escocia · Pintura de historia, Romanticismo
La historia
En 1805 un joven pintor de Edimburgo partió por mar hacia San Petersburgo y no llegó por esa vía. El barco de William Allan naufragó en Memel, un puerto báltico entonces prusiano, y él pagó el resto del viaje pintando retratos. En el camino hacia la capital rusa se cruzó con columnas del ejército ruso que marchaban hacia el oeste, a la campaña que terminó en Austerlitz.
Permaneció unos nueve años en el Imperio ruso. Aprendió el idioma, pasó largas temporadas en Ucrania y viajó entre cosacos, circasianos y tártaros, cuyas armas y armaduras coleccionó para usarlas después como accesorios en el taller. Los baskires, fechado en 1814 y hoy en el Ermitage de San Petersburgo, nace de ese mundo. Los baskires son un pueblo túrquico del sur de los Urales cuyos jinetes servían en el ejército ruso. Allan seguía en Rusia durante la invasión napoleónica de 1812 y regresó a Edimburgo en 1814.
En casa, los temas rusos se vendían mal. Sus Cautivos circasianos llamaron la atención en la Royal Academy de Londres en 1815 y no encontraron comprador, hasta que su amigo el novelista Walter Scott ayudó a reunir 1.000 guineas por suscripción y el cuadro se sorteó. Allan se volvió entonces hacia la historia de Escocia, con escenas como John Knox amonestando a María Estuardo. En 1838 fue elegido presidente de la Royal Scottish Academy y, tras la muerte de su antiguo compañero de estudios, el pintor David Wilkie, pasó a ser Queen’s Limner de Escocia, el pintor oficial de la Corona allí. Murió en 1850 con una gran Batalla de Bannockburn todavía sin terminar en su taller.
