
Vilhelm Hammershøi · CC0
La plaza de Amalienborg, Copenhague
Ficha
La historia
En 1896 Copenhague era un puerto animado, y Amalienborg, la residencia real en funciones: cuatro palacios en torno a una plaza octogonal, con la guardia de servicio. Hammershøi apenas pintó nada de eso. Rebajó la luz a una neblina gris y vació la plaza de gente, dejando lo único que no podía moverse. Ese jinete de bronce es Federico Quinto, fundido por el escultor francés Jacques Saly, a quien le llevó catorce años. Cuentan que la estatua acabó costando más que los cuatro palacios juntos, y quizá por eso el pintor la dejó en el único trozo de sol pleno. Todo lo demás lo dejó disolverse en la intemperie.
