
Caballeros y damas
Ficha
La historia
Un holandés de 1633 entendía enseguida los dobles sentidos de esta escena. Dos caballeros vuelven de cazar, uno entrega una liebre a una mujer y su compañero lleva un par de perdices. En el neerlandés de la época, cazar liebres y salir a pajarear eran maneras corrientes de referirse al amor, y la cama del fondo, con las cortinas abiertas, deja pocas dudas sobre cómo acabará la velada. El resto de la habitación suma placeres. Una dama toca el laúd, otra se prueba joyas ante un espejito sobre la mesa, un violonchelo está apoyado junto a la cama y se amontonan telas ricas junto a las mujeres. Tanto lujo llevaba también el viejo aviso de la vanitas, que los placeres terrenales pasan. Codde puso su monograma en ese espejito y pintó la fecha sobre la puerta.


