
Retrato de una mujer
Ficha
La historia
Hay que mirarle las manos. Lleva guantes acuchillados, con cortes por los que asoman los anillos de debajo, y encima del cuero luce todavía más sortijas. Las de dentro están pintadas más arriba en los dedos que las de fuera, algo que ninguna mano real permitiría. A Cranach le importaba más dejar claro cuánto oro tenía esta dama que respetar la anatomía. Lo mismo vale para todo lo demás, el vestido de terciopelo rojo, los collares de oro ceñidos al cuello uno sobre otro, las perlas y el hilo de oro del tocado. En el corpiño, unas perlas dibujan una letra M, seguramente su inicial, aunque nadie ha logrado averiguar su nombre. El rostro, liso e idealizado, se parece mucho al de las Venus y las Evas que salían del taller en esos mismos años, y como ellas nos mira de frente. La tabla llegó a Londres en 1857, comprada en la subasta de Alton Towers, la residencia de los condes de Shrewsbury en Staffordshire.




