Retrato de un joven
Ficha
La historia
Cuando esta pequeña tabla entró en la colección de los Medici, todos estaban seguros de poseer un Rafael. Un inventario de 1675 la registra así, y ese nombre se mantuvo hasta 1910, cuando los estudiosos reconocieron por fin la mano de Lorenzo Lotto. Conviene entender por qué el error duró tanto. El joven está pegado a la superficie, cortado justo bajo el cuello, y mira de frente con los ojos muy abiertos y algo inquietos. Esa cercanía tensa e incómoda pertenece más a la pintura del norte. Entre 1505 y 1507 Alberto Durero trabajó en Venecia, y sus grabados circulaban por toda Italia. Lotto, que aún no tenía treinta años, absorbió aquel gusto alemán por el detalle exacto y la tensión interior, y lo volcó en un solo rostro de apenas 29 centímetros de alto.




