
Retrato de Mariola Dospevska
Ficha
La historia
Cuando se pintó este retrato, en 1869, no existía un Estado búlgaro. El país seguía siendo una provincia del Imperio otomano y carecía de academia de arte propia. Quien lo pintó había ido a formarse al extranjero, en la manera académica europea, y de vuelta a casa se ganaba la vida con retratos de comerciantes y sus familias, en óleos sobrios y llanos, muy lejos de los iconos de fondo dorado que su propia familia producía en Samokov. Aquí el modelo le tocaba aún más de cerca: Mariola era su esposa. Le da un fondo oscuro y sereno y el modelado cuidadoso de una mano formada, esa clase de retrato privado y laico que apenas había existido en el país una generación antes. Es óleo sobre lienzo, de poco menos de 70 centímetros de alto, uno de esos encargos cotidianos que mantenían ocupado a un pintor en una tierra que todavía no tenía galerías de pintura.