Retrato de una dama sentada a una mesa
Ficha
La historia
En 1791 la vieja República de las Provincias Unidas todavía se gobernaba a sí misma, cuatro años antes de que unos revolucionarios apoyados por Francia la barrieran. Ese año un joven pintor, Willem Uppink, de 24 años, sentó a una mujer bien vestida ante una mesa y dejó este pequeño retrato, no mayor que una hoja de papel, de unos 33 por 30 centímetros. Su nombre no ha llegado hasta nosotros. La obra pertenece a una zona más discreta de la producción de Uppink, recordado sobre todo como el último de los behangselschilders neerlandeses, los pintores que ejecutaban las grandes colgaduras decorativas que revestían las casas de los canales de Ámsterdam. Un retrato temprano e íntimo como este es, por eso, la parte más rara de su trabajo. Hoy forma parte de la colección nacional neerlandesa y figura entre los fondos del Museo Kröller-Müller de Otterlo con el número B153.