
Paolo Veronese · PD
La resurrección del joven de Naín
Ficha
La historia
Veronés pintó esta escena del evangelio tal como la habría montado un veneciano rico de su propio siglo. El relato viene del evangelio de Lucas: Cristo se encuentra con una viuda que va a enterrar a su único hijo a las afueras del pueblo de Naín y devuelve la vida al joven. Pero la madre afligida viste aquí la seda azul claro de una dama aristócrata veneciana, y la multitud que la rodea va ataviada como en la Venecia del siglo XVI, no como en la antigua Galilea. Ese era el gusto de la ciudad que le pagaba. Las túnicas de Cristo, de un rosa y un azul pálidos con un leve brillo metálico, son un ejemplo perfecto de lo que se llama color veneciano. El muchacho muerto, pálido y apenas iluminado, queda arrinconado abajo, mientras la mirada se va hacia la madre, en el centro. El archiduque Leopoldo Guillermo compró el cuadro para los Habsburgo en el siglo XVII, y hoy cuelga en el Kunsthistorisches Museum de Viena.




