
Arnold Böcklin · PD
Autorretrato con la muerte tocando el violín
Ficha
La historia
Böcklin se pintó a sí mismo ante el caballete, pincel en mano, mirando hacia el espectador. Detrás de su hombro, un esqueleto rasca un violín al que solo le queda una cuerda. Es la Muerte que toca para él mientras trabaja, un recordatorio muy antiguo de que el tiempo se acaba, heredero de las danzas de la muerte que ya grababa Holbein tres siglos antes. Böcklin hizo este autorretrato en 1872, en Múnich, y no hay en él dramatismo ni terror: el pintor parece detenerse un instante, atento a esa única nota, como si escuchara. La idea gustó tanto que se convirtió en una de sus imágenes más recordadas, muy por encima de otros retratos suyos.

