
Rogier van der Weyden · PD
El descendimiento
Ficha
La historia
Rogier van der Weyden pintó esta tabla hacia 1435 para una capilla de Lovaina, en los Países Bajos borgoñones, por encargo del gremio de ballesteros de la ciudad. El oficio de aquellos hombres queda discretamente firmado en las esquinas superiores, donde, entre las tracerías, se esconden dos pequeñas ballestas. En lugar de situar la escena en un paisaje, el pintor la encierra en una caja poco profunda y dorada, como si fueran figuras de madera policromada dentro de un retablo tallado. Diez personas rodean el cuerpo de Cristo, que acaba de ser bajado de la cruz, con los brazos aún extendidos. Lo más conmovedor es un eco: la Virgen se ha desmayado de dolor y su cuerpo se dobla en la misma curva exacta que el de su hijo muerto, casi paralela, una sobre otro. La madre comparte así, con el gesto, el destino del hijo. Cada rostro llora de un modo distinto, y las lágrimas están pintadas como gotas de cristal sobre la piel. San Juan, de rojo, se inclina para sostener a María mientras, al otro lado, una mujer se enjuga los ojos. Siglos después la tabla acabó en España, en la colección de los reyes, y hoy cuelga en el Prado.




