Los discípulos Pedro y Juan corriendo al sepulcro la mañana de la Resurrección
Ficha
La historia
El Evangelio de Juan despacha este momento en dos versículos. La mañana de Pascua, al saber que el sepulcro está vacío, Pedro y el otro discípulo salen corriendo, y el otro llega antes. Burnand se quedó con esa carrera y nada más. No hay sepulcro, ni ángel, ni Cristo resucitado, ni aureola. Solo dos hombres sin aliento, tan cerca que ocupan casi todo el lienzo, contra un amanecer amarillo. Juan, joven y lampiño, lleva las manos entrelazadas. Pedro, de barba gris, se aprieta el pecho con una mano, y el viento les revuelve el pelo. Juan va medio paso por delante, como dice el texto. En el Salón de la Société Nationale des Beaux-Arts de 1898, en París, hubo críticos que lo encontraron demasiado terrenal para un tema sagrado. Burnand respondió que era un evangelista a través del arte.