
Henri Matisse · PD
La anguila, Étretat
Ficha
La historia
A finales del verano de 1920 Matisse volvía una y otra vez a Étretat, un pueblo pesquero de la costa de Normandía cuyos blancos acantilados de creta habían hecho célebres Monet y Courbet una generación antes. Matisse apenas miró hacia el acantilado de las postales. Lo que subió de la orilla fue la pesca del día: aquí un solo congrio, tendido sobre los guijarros grises bajo un cielo plano del norte. La guerra había terminado hacía menos de dos años, y él pintaba mercados de pescado y playas en lugar de grandes asuntos. Cuando este lienzo viajó a Nueva York en 1921 y colgó entre obras impresionistas en el Metropolitan, los críticos refunfuñaron que había maltratado una escena marina de toda la vida. El congrio es la única curva oscura y musculosa que atraviesa todo aquel guijarral gris.




