
William Blake · PD
El fantasma de una pulga
Ficha
La historia
Hacia 1819, ya mayor y con poco reconocimiento, William Blake pasaba veladas en Londres en casa del acuarelista y astrólogo John Varley, amigo suyo. Varley le pedía que dibujara las figuras que el poeta decía ver en sus visiones, las llamadas «cabezas visionarias». Una noche Blake aseguró que se le había aparecido el espíritu de una pulga y que le confió un secreto: las pulgas están habitadas por almas de hombres sedientos de sangre, encerradas en cuerpos de insecto porque, si tuvieran el tamaño de un caballo, despoblarían la tierra. Blake lo pintó a esa escala imaginada, avanzando entre cortinas con la lengua fuera y un cuenco en la mano para recoger sangre. La tabla es diminuta, apenas mayor que una hoja, y está hecha con temple mezclado con oro, que aún brilla en la piel escamosa de la criatura.


