
La criada de cocina licenciosa
Ficha
La historia
Un hombre le vuelve a llenar el vaso a una criada de cocina, y ella se deja. Detrás, un mono, que para el siglo XVII era la imagen misma de la lujuria animal, se asoma bajo sus faldas, mientras un anciano en la puerta levanta el dedo a modo de advertencia. Un espectador de la década de 1660 entendía la escena al instante. Las criadas y sus pretendientes eran un tema habitual de la pintura de género holandesa de entonces, casi siempre con doble sentido. Pieter van Roestraten pintó este lienzo hacia 1665, más o menos cuando dejó las Provincias Unidas por Londres, donde pasaría el resto de su vida pintando casi solo bodegones. El cuadro se ha conocido también con un título más amable, La declaración de amor.