
Claude Monet · PD
Nenúfares: reflejos verdes
Ficha
La historia
El encuadre deja fuera el horizonte y también las orillas del estanque de Giverny. Queda solo el agua, de un verde profundo atravesado por vetas verticales azules, allí donde los reflejos se hunden. Arriba y abajo flotan islas de hojas de nenúfar con flores rosas, rojas y amarillas. Son dos paneles unidos, de unos ocho metros y medio, que cierran por el este la primera sala, frente a «Sol poniente». Monet llevaba mucho tiempo pensando en algo así. En 1909 le contó al crítico Roger Marx que soñaba con una sala rodeada de pinturas de agua que diera «la ilusión de un todo sin fin, de una onda sin horizonte y sin orilla». Pasaron casi 20 años hasta que ese espacio existió. Vistas desde arriba, las dos salas ovales dibujan un ocho tumbado, el signo matemático del infinito.




