
Mujer afinando una mandolina
Ficha
La historia
Hacia 1658 la República holandesa era ya bastante próspera como para que en la sala de un comerciante hubiera un laúd o una mandolina, y para esas mismas estancias pintaba Metsu sus cuadros pequeños. Una mujer bien vestida afina aquí su mandolina, los dedos en las clavijas y la mirada perdida más allá de las cuerdas. Para un espectador de entonces el instrumento casi nunca era solo un instrumento. La música aludía al amor y al cortejo, y una cuerda desafinada a un corazón todavía sin sosiego, de modo que ese gesto callado llevaba enseguida un segundo sentido. A un lado, un niño juega con un perro, un detalle doméstico que impide que la escena se vuelva pura alegoría. La tabla es diminuta, apenas mayor que una hoja de papel, una de esas piezas de gabinete finamente acabadas que apreciaban los coleccionistas florentinos. Así fue como llegó a los Uffizi.




