
La historia
Tras la fachada gótica, labrada como un encaje, que da al Gran Canal, la obra más famosa de la Ca' d'Oro ocupa una pequeña capilla de mármol construida expresamente para ella. Andrea Mantegna, el maestro renacentista de Padua y Mantua, pintó este San Sebastián al final de su vida, con el santo atravesado por flechas en un nicho estrecho. A su lado se ha apagado una vela, y una filacteria lleva un lema latino que dice que nada es estable salvo lo divino y que lo demás es humo.
La capilla la creó el barón Giorgio Franchetti, un coleccionista nacido en Turín que compró el cuadro en 1893 y el palacio un año después. Para entonces la casa había sufrido mucho. Se construyó en las décadas de 1420 y 1430 para el patricio Marino Contarini, con la cantería de la familia de escultores Bon y del milanés Matteo Raverti, y partes de la fachada estuvieron doradas, de ahí el nombre de «casa de oro». En el siglo XIX fue propiedad de la bailarina Marie Taglioni, que vendió elementos originales, entre ellos el brocal de pozo tallado. Franchetti recuperó lo que pudo, colocó él mismo el pavimento de mosaico de mármol de la sala de la planta baja y donó el edificio al Estado italiano en 1916.
Arriba, la colección reúne pintura y escultura venecianas. Entre los retratos está el de Nicolò Priuli, procurador de San Marcos, obra de Jacopo Tintoretto, y hay fragmentos de frescos desvaídos de Giorgione y del joven Tiziano, procedentes del Fondaco dei Tedeschi, el almacén de los mercaderes alemanes junto al Rialto. La galería abrió en 1927, cinco años después de la muerte del barón, y sus cenizas reposan bajo un monumento de pórfido en el pórtico de entrada.




