
La historia
Harvard tiene tres museos de arte, no uno solo, y desde 2014 comparten un mismo edificio en Cambridge. El Fogg abarca el arte occidental, el Busch-Reisinger guarda obra alemana y centroeuropea, y el Arthur M. Sackler conserva las colecciones asiáticas y antiguas. Renzo Piano envolvió en cristal el viejo edificio de patio de ladrillo y lo remató con un gran techo acristalado que vierte la luz del día por el centro.
Como son colecciones docentes, tienen una hondura erudita, desde tablas italianas de fondo dorado hasta un célebre conjunto de obras impresionistas y de la Bauhaus. Detrás de las salas hay laboratorios de conservación que se pueden ver, donde la ciencia de cuidar las pinturas forma parte de la exposición.
Una de las historias de aquí trata del desvanecimiento del color. Mark Rothko pintó una serie de murales para un comedor de Harvard en los años sesenta, y años de sol le vaciaron el carmesí. En vez de repintarlos, los conservadores proyectaron luz de color sobre los lienzos para devolverles el tono perdido, y la apagaban cada tarde para que se pudiera ver reaparecer el daño.


