
La historia
J. Paul Getty fue, durante un tiempo, el hombre más rico del mundo, un magnate petrolero estadounidense que pasó sus últimos años en Inglaterra y nunca vio el museo que hoy lleva su nombre en dos emplazamientos sobre sendas colinas de Los Ángeles. Murió en 1976. La colección que dejó, y la enorme dotación que la respalda, no ha dejado de comprar y construir desde entonces.
En realidad hay dos Getty. La Getty Villa, en Malibú, es una recreación a tamaño real de una casa de campo romana sepultada por el Vesubio, levantada para albergar antigüedades griegas y romanas entre jardines y fuentes sobre el Pacífico. El Getty Center, que abrió en 1997 en lo alto sobre la autopista en Brentwood, es un vasto complejo de pabellones revestidos de travertino del arquitecto Richard Meier, al que se sube en un funicular que trepa por la colina.
Allí arriba cuelgan las pinturas europeas, entre ellas uno de los 'Lirios' de Van Gogh, pintado en el manicomio de Saint-Rémy en 1889. El museo ha tenido sus dramas, desde un joven de mármol griego cuya autenticidad los expertos aún no logran zanjar hasta largos pleitos por antigüedades expoliadas. Ambos recintos son de entrada libre, algo insólito para una colección tan rica, aunque se paga por aparcar el coche en el que llega casi todo visitante.



