
La historia
La mayoría de los museos de provincia franceses se surtieron de incautaciones a la Iglesia durante la Revolución. Rennes tuvo un atajo. Cuando el patrimonio de Christophe-Paul de Robien, presidente del parlamento de Bretaña muerto en 1756, fue confiscado en 1792, la ciudad heredó de golpe uno de los mayores gabinetes privados de Europa, con pinturas, antigüedades egipcias y griegas y una colección de dibujos donde se mezclan hojas de Leonardo, Botticelli y Rembrandt.
Aquel golpe de fortuna sigue siendo el núcleo de lo que se ve. La obra por la que viene la gente es 'El recién nacido' de Georges de La Tour, pintado hacia 1645, una madre y una mujer que resguardan una vela cuya llama nunca se llega a ver, de modo que toda la escena brilla por una luz oculta tras una mano. A su alrededor cuelgan Veronés, Rubens y una nutrida serie de pintura italiana y del norte.
El edificio llegó después, un palacio del siglo 19 en el Quai Émile Zola que durante mucho tiempo albergó también la biblioteca universitaria, razón por la cual generaciones de estudiantes de Rennes estudiaron un piso por debajo de uno de los lienzos más raros de La Tour.


