
La historia
En una pequeña vitrina de Madrid descansa una pistola que el Museo del Romanticismo conserva como aquella con la que el escritor satírico Mariano José de Larra se quitó la vida en 1837, a los 27 años. Larra se convirtió en el modelo del héroe romántico español, y la sala que rodea la vitrina está dedicada a él, con su retrato y sus escritos.
El museo fue obra del marqués de la Vega-Inclán, coleccionista y pionero del turismo en España, que lo abrió en 1924 como Museo Romántico en un palacio de finales del siglo XVIII de la calle de San Mateo. El Estado compró el edificio tres años después, y tras una larga reforma el museo reabrió en 2009 con su nombre actual. Sus salas están amuebladas como la casa de una familia madrileña acomodada del siglo XIX, con comedor, sala de billar y salón de baile.
Entre las pinturas hay retratos de Federico de Madrazo, el gran retratista de la corte de Isabel II, y sátiras de Leonardo Alenza que se burlan de la moda romántica del suicidio. El cuadro más conocido es anterior al propio movimiento, «San Gregorio Magno», que Francisco de Goya pintó a finales de la década de 1790.
