
La historia
En diciembre de 2020 el coleccionista Sohn Chang-keun donó al Museo Nacional de Corea una de las pinturas más queridas del país. Sehando, Escena de invierno, muestra una cabaña sencilla entre pinos y cipreses. Kim Jeong-hui, erudito y calígrafo más conocido como Chusa, la pintó a tinta en 1844, en su cuarto año de destierro en la isla de Jeju.
La hizo para su antiguo discípulo Yi Sang-jeok, un intérprete que le siguió siendo fiel y no dejó de traerle libros de China. La inscripción toma un dicho de Confucio, según el cual solo cuando el año se vuelve frío se ve que el pino y el ciprés son los últimos en marchitarse. Yi llevó la pintura a Pekín, donde 16 eruditos chinos añadieron poemas de elogio, y con esos colofones se convirtió en un rollo de casi 15 metros.
En el siglo XX perteneció a Fujitsuka Chikashi, un estudioso japonés de la obra de Kim que vivía en Tokio. En 1944 el calígrafo Sohn Jae-hyeong, padre del donante, lo visitó una y otra vez hasta que Fujitsuka se la cedió. La mayor parte del resto de la colección de Fujitsuka se destruyó en los bombardeos del año siguiente.
El propio museo se trasladó en 2005 a un gran edificio nuevo en Yongsan, en el centro de Seúl. Una de sus salas, la Sala de la Contemplación Serena, reúne dos bodhisattvas pensativos de bronce dorado de los siglos VI y VII, figuras budistas sentadas con una pierna cruzada sobre la rodilla, expuestas una junto a otra en un espacio en penumbra.
